Hasta hace poco, en este mismo lugar de la página había una escalera de precios. Diez fechas, diez precios, publicada entera, y cada lunes a las 11:59 de la noche subía un escalón. El último renglón de esa tabla decía 5,097 el Clásico y 13,597 el Rockstar.
Quité la escalera. No quité el destino.
Esos siguen siendo los precios regulares de los dos boletos. Hoy el Clásico está en 2,997 y el Rockstar en 7,997, y conforme se acerque el 17 de octubre van a ir subiendo hasta llegar allá.
Y aquí es donde me vas a preguntar lo obvio: «bueno Jaime, ¿y cuándo sube?»
No lo sé.
Podría inventarte una fecha ahora mismo. «Sube el viernes.» Se ve muy bien en una página de ventas, aprieta bonito, y lo hace media industria. Pero si te digo el viernes y no sube el viernes, ya te mentí. Y de todo lo que tengo, lo único que de verdad es mío es mi nombre. Aquí no se miente ni en defensa propia.
Así que te lo digo como es: va a subir, y no te puedo decir el día.
Y fíjate bien, porque esto es peor para ti, no mejor. Si yo te diera una fecha, tú tendrías hasta el día anterior. Tendrías permiso de dejarlo para el jueves. Como no te la puedo dar, no tienes hasta ningún día.
Lo único que sí controlo, y por eso sí te lo prometo: el que compra hoy paga el de hoy. Si mañana está más caro, tú no pagas la diferencia. Lo que compraste, se queda comprado.
Y hay una segunda cosa que se puede acabar antes del 17 de octubre, y esa no tiene nada que ver con el dinero.
Los lugares de ese salón son físicos. Son setecientos asientos. Ese número no lo decido yo, y no lo decide tu compañía, y no lo decide cuántas ganas tengas de ir, y no lo decide el que se acuerde de comprar el 15 de octubre. Lo decidió el arquitecto que diseñó ese salón, hace años, cuando ni tú ni yo sabíamos que la Cumbre iba a existir.
Cuando se acaban las sillas, se acaban las sillas.
Y tampoco te voy a poner un contador de lugares parpadeando en la pantalla. Tú ya viste esos números que bajan solitos cada vez que recargas la página. Yo también los vi. Los dos sabemos lo que valen.
Lo que sí te digo es lo que sé: son setecientos asientos, el hotel no puede meter uno más, y el día que se llenen se cierra la venta.
Hay un solo nivel donde ese número es todavía más chico, porque cabe en una mano: el Legend son quince personas en todo el evento. Quince. Y es el único que no se mueve nunca, ni en precio ni en lugares.
Entonces son dos cosas las que se pueden acabar antes del 17 de octubre: el precio de hoy y la silla.
Ninguna de las dos te va a avisar.